Antonio Meucci: el inventor del teléfono

Por Evelio Martínez Martinez
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Por mucho tiempo se le negó el crédito a un hombre que desarrolló el invento más revolucionario del Siglo XIX y de nuestra época. Su nombre es Antonio Meucci, el verdadero inventor del teléfono.

Antecedentes
Antonio Meucci, nació en San Frediano, un barrio de Florencia, Italia el 13 de abril de 1808. En 1821, empieza sus estudios en la Academía de Bellas Artes en su ciudad natal, a los 13 años de edad; sería el estudiante más joven. Antes nunca había estado en algún colegio. Durante su estancia en la Academia, se intereso mucho por el trabajo de Galileo Galilei,  Leonardo da Vinci y Alexandro Volta, éste último el inventor de la batería.

Meucci estaba muy interesado en sus estudios, pero también sabía que su situación económica en casa, no era muy buena. Así que lo obligan a encontrar un empleo para pagarse los estudios. Su padre, Amatis Meucci, le encuentra un trabajo en una oficina de Gobierno. Su trabajo era detener a todos los carruajes que llegaban a la ciudad, revisar las mercancías y recolectar los impuestos correspondientes. En 1928 termina sus estudios de mecánica y química y recibe su grado. A sus 22 años salió en busca de otro empleo, y lo encuentra en un Teatro de Ópera, en donde comenzaría una nueva vida con el sonido de los cantantes de ópera.

 



Su estancia en Cuba
 En 1835 decide irse a La Habana  acompañado de su novia y su amigo Lorenzo Salvi, para establecer un teatro de ópera en Cuba. Durante la travesía de 72 días en barco  de Italia a Cuba, Antonio Meucci hace muchos experimentos en el barco con los materiales que había, que le ayudarían años más tarde en mejorar su patente del higroscopio, instrumento que sirve para apreciar la existencia del vapor acuoso en el aire en un gas. Durante su estancia, con sus conocimientos de electricidad, mejoró la acústica del teatro en dónde trabajaba. También inventa un sistema para tratar enfermedades con choques eléctricos.

Los choques eléctricos
Un día que iba a administrar choques eléctricos a un amigo, dejó a éste en una habitación mientras que Meucci ultimaba detalles en otra. Su  amigo le habló y él oyó lo que decía saliendo de los cables de cobre que unían las dos habitaciones. Su amigo había hablado encima de ellos. Meucci de inmediato se dio cuenta del potencial de aquel accidental hecho, y pasó los siguientes diez años perfeccionándolo.

Después de descubrir el telégrafo parlante al que denomino telettrófono, también se dio cuenta que la ópera estaba causando menos interés a los Cubanos. Don Francisco, el dueño del teatro de ópera italiano decide buscar nuevos horizontes para su espectáculo; Nueva York en EUA, sería la siguiente parada.

Su estancia en Nueva York
El 23 de abril de 1850, Antonio y Esterra, su esposa parten hacia Nueva York en barco, con algo de dinero en sus bolsillos. Ya estando en Nueva York, Meucci instala su laboratorio para seguir con su trabajo pendiente con el telégrafo parlante. Pero se encontró con dos problemas, el primero es que faltaba financiamiento, y el segundo era el idioma inglés, el cuál desconocía.

En 1855 su esposa, quién sufría de artritis reumatoide, quedo paralítica y para comunicarse con ella lo hacía con sus telégrafos parlantes, los cuales para ese entonces ya estaban más perfeccionados. En 1860 Meucci, organiza varias demostraciones de su invento para atraer inversionistas, sin mucho éxito. En 1861 su situación financiera no era muy buena, y se agravó más cuando quedó herido, cuando viajaba en el barco de vapor Westfield y éste se incendió. Mientras Meucci estaba en el hospital su esposa Esterre, convenció a Maria, quien la cuidaba, a buscar compradores de muchos de sus prototipos, incluyendo el del teléfono, a un comprador de segunda mano llamado John Flemming, por seis dólares. Cuando Antonio Meucci ya esta más fuerte y recuperado, regresa a su casa y se da cuenta que sus prototipos ya no estaban dónde los había dejado. Su esposa le cuenta que los había vendido para pagar los gastos del hospital.

Estaba herido, pero no vencido. Así que Meucci volvió a reconstruir su prototipo del teléfono, inclusive lo mejoró, para presentarlo a la Oficina de Patentes de los EUA, y así buscar otra vez financiamiento. Pero cómo no tenía dinero para patentar el prototipo del teléfono, presentó la documentación de una pre-patente el 28 de diciembre de 1871. Renovó la pre-patente los dos años subsecuentes, pero ya no tuvo dinero  para hacerlo en 1874.

Meucci continuo con su afán de obtener la patente, pero Thomas D. Stetson, un tipo duro, quién era el oficial de patentes de Nueva York, forzó a Meucci para que obtuviera sólo la patente temporal por $20 dólares y además ver los experimentos del prototipo en su casa.  La Patente (pero no la pre-patente) le daba los derechos exclusivos de propiedad de la invención a Meucci.

El negocio de las patentes
Cómo Meucci ya no quería hacer más experimentos en su casa del prototipo, por su esposa enferma, concertó una cita con Mr. Grant vicepresidente de la Compañía Telegráfica del Distrito de América (American District Telegraph Company, ADT) e invitó al Sr. Stetson para ver los experimentos ahí. Meucci realizó los experimentos del teléfono con éxito. Pero Meucci dejó olvidado los diagramas en la compañía Telegráfica, y cuando los reclamó, Mr. Grant los hizó perdidizos.

La compañía ADT era parte del grupo de compañías telegráficas de Western Union, y pusieron un anunció en el cuál ofrecían un millón de dólares a quien fuera capaz de hacer un sistema que pudiese enviar múltiples mensajes sobre un mismo cable telegráfico.

El reto fue ganado por un científico de origen escoces, Alexander Graham Bell,  que trabajaba como profesor en la Universidad de Boston. Su trabajo estaba enfocado en la transmisión de vibraciones armónicas. Otro científico, Elisha Gray, rival de Bell, trabajaba en una filial de Western Union.

Conclusión
Cuatro después de que Antonio Meucci le dejara los dibujos del prototipo del teléfono a Mr. Grant, el 14 de Febrero de 1876, Alexander Graham Bell, entra a la Oficina de Patentes de Washinton D.C. y entrega los documentos necesarios para la obtención de la patente del teléfono. Elisha Gray llega a la misma oficina el mismo día, pero horas después que Bell, a entregar los documentos, para la patente del teléfono.

Bell ha sido considerado el inventor del teléfono, sin embargo, no fue el primero en crearlo; únicamente fue el primero en patentarlo. Después de muchos años de demandas legales, finalmente el 11 de junio de 2002, el Congreso de Estados Unidos aprobó la resolución 269 por la que reconoció que el inventor del teléfono había sido Antonio Meucci y no Alexander Graham Bell.

Antonio Meucci muere en 1889, 113 años después se le reconoce su gran obra.

Más información sobre la vida de Antonio Meucci y el telégrafo parlante puede ser encontrada en el libro “The Man who invented the telephone: Antonio and the electric scream” por Sandra Meucci.

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