El panóptico digital

 

Por: J. Antonio García Macías* (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. )
Mundo Digital
 
En “Crónica de una muerte anunciada”, García Márquez narra como los hermanos Vicario pasan tres años en el panóptico de Riohacha, pues no tenían dinero para pagar su libertad condicional. El panóptico es un modelo arquitectónico que siguen muchas prisiones y que tiene la particularidad de que los vigilantes, situados en el centro, tienen una visión completa sobre todas las celdas de los presos. Por supuesto, un elemento clave es que los presos no saben cuándo están siendo vigilados. La idea de Jeremy Bentham, el creador del concepto, era que los presos al sentir que podían estar siendo observados en cualquier momento, regularían su comportamiento para apegarse a las reglas impuestas en la prisión. Más allá del concepto arquitectónico, la metáfora del panóptico tiene hoy más vigencia que nunca.
 
El panóptico como modelo
Aunque existen muchos edificios que siguen el principio del panóptico, este concepto trascendió el ámbito de la arquitectura y ha sido usado como modelo para entender las relaciones de poder en la sociedad. Por ejemplo, Michel de Foucault, en su obra “Vigilar y castigar”, se refiere al panóptico como el modelo adoptado por las sociedades modernas, las cuales tienen una proclividad hacia la (sobre)vigilancia de los ciudadanos por parte de los gobernantes. Los avances tecnológicos, con todos sus beneficios, brindan también posibilidades extraordinarias para que esta vigilancia se lleve a cabo. Así lo pone en evidencia el libro “In The Age Of The Smart Machine” donde se describe cómo la tecnología afecta las relaciones de poder en el ámbito laboral. En un contexto más amplio, el libro “Welcome to the machine” da claros ejemplos de cómo nuestras sociedades modernas van encaminadas hacia un modelo de Estado-panóptico. Para esto basta ver por ejemplo las medidas biométricas adoptadas en aeropuertos, chips de identificación implantados en pasaportes, cámaras de vigilancia en calles de las ciudades, y otras más. De hecho, los autores del libro van más allá y se refieren también a armas de nanopartículas, drogas que alteran la conciencia de soldados y otras medidas que parecerían haber sido sacadas de historias de ciencia-ficción.
 
Vigilancia retroactiva 
Las redes sociales que se usan cotidianamente son esencialmente panópticas. Al informar sobre lo que están leyendo, haciendo, pensando, los usuarios quedan al descubierto ante las masas. Aún más, hay muchos que optan por activar mecanismos de reporte automático, los cuales detallan el lugar preciso donde fue tomada una foto o desde donde se hizo una actualización de estado. Muchos activan estos mecanismos para obtener servicios basados en localización que les facilitarán encontrar un restaurante cercano o recordar posteriormente donde fue tomada aquella fotografía. Sin embargo, el precio a pagar quizás sea demasiado alto: todos sus datos personales, sus rastros digitales, están siendo almacenados en el servidor de alguna empresa... sobre el cual no tiene control alguno el usuario.
 
En un reporte reciente, el investigador John Villasenor de UCLA, argumenta que el continuo decrecimiento de los costos del almacenamiento (memoria, discos, etc.) hará pronto posible que resulte costeable para los gobiernos el almacenar cada pieza de información digital que pueda obtener sobre sus ciudadanos. Esto implica tener disponible cada conversación telefónica, cada movimiento registrado por GPS, cada correo electrónico enviado, cada interacción en redes sociales, cada movimiento captado por cámaras de seguridad, cada compra con tarjeta bancaria y mucho más. Esto tiene implicaciones profundas, pues ya no se tratará sólo de saber lo que está sucediendo actualmente, sino de tener la posibilidad de aplicar supervisión retroactiva sobre los ciudadanos. Al tener un historial completo sobre las actividades de cada quien, se pueden aplicar técnicas de minería de datos para obtener relaciones no triviales y observar patrones de comportamiento, conocer preferencias de lectura, tendencias políticas, creencias religiosas, hábitos de consumo, personas frecuentadas, y por supuesto determinar si alguien tiene tendencias contrarias al gobierno en turno. 
 
Quizás lo más irónico es que los mismos ciudadanos contribuyen de forma voluntaria (aunque probablemente algo inconsciente) a proporcionar la información que contribuye a que los puedan vigilar tan minuciosamente. La evolución lógica en esta tendencia es que el gobierno observe tendencias y haga predicciones sobre posibles comportamientos futuros... lo cual ya ha sido propuesto por algunos gobiernos. Así pues, lo que ha aparecido en películas tales como “sentencia previa”, donde se aplicaba castigo por crímenes aún no cometidos, quizás no esté tan alejado de la realidad.
 
Ante este panorama que parece bastante sombrío, las buenas noticias son que así como las nuevas tecnologías hacen posible el panóptico digital, también pueden permitir el empoderamiento de los ciudadanos para vigilar a los vigilantes. Pero eso será tema de otro artículo. 
 
* El autor es investigador de Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE).
 
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