El mundo feliz del Silicon Valley

Pocos lugares han despertado tanto la imaginación, e incluso la codicia, como aquel mítico El Dorado que tanto buscaron los conquistadores del siglo XVI. En la época contemporánea, no son pocos quienes han comparado el Silicon Valley (o Valle del Silicio) con un moderno El Dorado. Aunque podría parecer una comparación exagerada, lo cierto es que ha sido un lugar al que han emigrado muchísimas personas en busca de riquezas, no en las minas de oro, sino en el mundo de la alta tecnología.

El tecno-optimismo
El llamado Silicon Valley se sitúa en la porción sur de la Bahía de San Francisco, California. Lo que todavía en la década de 1970 era una gran extensión geográfica de valles agrícolas, se convirtió en el epicentro del desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Algo que distinguió a las compañías que de ahí empezaron a surgir desde fines de los 70s fue la cultura que se fue desarrollando. Mientras que las grandes empresas de TIC de la época, tales como IBM, se caracterizaban por ser muy jerárquicas, burocráticas y rígidas, exigiendo incluso a sus empleados un cierto código de vestimenta, las llamadas startups del Silicon Valley representaban la antítesis de todo esto. Siguiendo el estilo de vida californiano, los empleados se presentan a trabajar vestidos informalmente; es bien conocido, por ejemplo, que Steve Jobs gustaba de andar descalzo por Apple, incluso en reuniones con altos ejecutivos.

siliconfelizLos fundadores de Intel y otras empresas pusieron claro que las jerarquías no formaban parte de la cultura corporativa, al establecer su espacio de trabajo en cubículos al igual que los demás empleados; nada de oficina de lujo en la esquina, con vistas panorámicas y muebles de caoba. Y también gran parte de la cultura del Valle es el llamado tecno-optimismo, promoviendo la idea de que la tecnología “nos ayudará a resolver todos los problemas del mundo”, como dijo recientemente Eric Schmidt, el ejecutivo en jefe de Google. También Schmidt en eventos públicos ha dicho “... si aspiramos a la grandeza en el siglo veintiuno, debemos pensar como en Silicon Valley… a final de cuentas, este mundo va a ser gobernado por un emprendedor”. Este tecno-elitismo, al igual que el tecno-optimismo, forman parte del ethos del Valle.

Los críticos
Si el Silicon Valley es una meritocracia, como se presume ampliamente ¿por qué la gran mayoría de sus jugadores más importantes son hombres y en general de raza blanca? ¿si los emprendedores nacen, no se hacen, por qué hay tantos programas para enseñar emprendedurismo? ¿si la tecnología cambia todo el juego, por qué el capitalismo a la antigua nunca se cuestiona?  estas son algunas preguntas que Alice Warwick lanza en su libro “Status Update”. Y Warwick no está sola en su crítica al corazón y los valores del Silicon Valley. De hecho, uno de sus más acérrimos críticos es Evgeny Morozov. La idea de buscar soluciones tecnológicas a casi cualquier problema, lo que Morozov llama “solucionismo” en su libro más reciente, le parece peligrosa. Argumenta que esa ambición de hacer todo más eficiente, casi perfecto, no solo va en contra de la imperfecta naturaleza humana, sino que cancela otras vías de progreso. Por ejemplo, ver el “big data” y algoritmos inteligentes como soluciones para predecir crímenes y con ello eliminarlos, es un enfoque solucionista. Pero, se pregunta Morozov, ¿no se tienen que romper leyes para revisarlas y mejorarlas? entonces, la ineficiencia del sistema - el hecho de que la tasa de criminalidad no es cero - es lo que nos salva de la tiranía del conservatismo y la complacencia que surgiría si delegamos la prevención del crimen a algoritmos y bases de datos.

Más allá de eso, Morozov y otros críticos ven que esa aura de idealismo tecnológico cubre un mero interés comercial y consumista. En un artículo en Der Spiegel, titulado “Tomorrowland”, se dice que los “nuevos maestros del universo” no tienen su interés primario en el dinero; no solo quieren determinar lo que consumimos, sino cómo lo consumimos y cómo vivimos. Los nuevos maestros buscan imponer su solucionismo sin interferencias externas; consideran la regulación no solo un molesto obstáculo, sino todo un anacronismo. Su mensaje parece ser: si los valores sociales tales como la privacidad y la protección de datos se atraviesan en el camino, entonces simplemente debemos desarrollar nuevos valores.

Aldous Huxley describe en “un mundo feliz” una sociedad futurista donde a los ciudadanos se les enseña que su papel es ser consumidores y trabajadores, con lo cual servirán a la sociedad, pues contribuirán a mantener fuerte y estable la economía. ¿será que el libro de Huxley lo usan como manual de referencia en Silicon Valley?

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por J. Antonio García Macías
MUNDO DIGITAL

El autor es investigador en el Departamento de Ciencias de la Computación del CICESE.

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